
El silencio de la noche me consume, me disuelve en el aire como lo hace con aquel humo de aquel cigarrillo... Escucho sonidos, escucho voces, pero no te escucho a ti...
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10, 15, 30 días, 60, 90 noches... y aquí sigue mi sangre refugiada en tus recuerdos, tu amor intacto en mi, aunque mis pupilas no se dilaten por ti... Y es que el amor sobrepasa toda barrera, tu sonrisa me alimenta cada vez que te proyectas en mi retina, segundos equivalen a meses sin tus besos... ¿Que será de ti? ¿ Volverás por mi? mi ingenuidad me invita a una larga velada en donde se que te pertenezco y nadie pasara la barrera que dejaron tus caricias en mi...
La velada de la espera.
Mis lagrimas están dormidas, con tu suave susurro que alguna vez me dijo que regresarías, hoy no lo sé, pero se que nuestro amor quedo impregnado en algún lugar...
Miro el cielo, míralo y en él busca los momentos que bajo el se dibujaron, ahí están y nos miran, nos observan y nos invitan a sentir, a creer que el amor verdadero si existe, me recuerda que ame con locura, que entregue mi jardín al mejor ente que mi cerebro pudo clasificar como apto para la vida, y es que te amo, y es que te espero y es que vivo pensando que volverás...
Corre tiempo, corre, vuela y gritarme el futuro, gritarme y cuéntame suavemente mi vida junto a el, acurrucarme en ella y cierra mis ojos para un melancólico pero agradable sueño de placer y locura, dibújame en la risa que dejó en mi y no me borres jamas...
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